Hoy nos reunimos para honrar la memoria y celebrar la vida de una mujer extraordinaria: nuestra amada madre, Bella Clementina Tagle Duarte de Tapia.Nació en Guayaquil, Ecuador, el 19 de marzo de 1938, siendo la cuarta hija de Raúl Tagle y Elisa Duarte. Sus hermanas Alicia y Electra ya fallecidas y sus hermanos Galo y…
Continue ReadingHoy nos reunimos para honrar la memoria y celebrar la vida de una mujer extraordinaria: nuestra amada madre, Bella Clementina Tagle Duarte de Tapia.Nació en Guayaquil, Ecuador, el 19 de marzo de 1938, siendo la cuarta hija de Raúl Tagle y Elisa Duarte. Sus hermanas Alicia y Electra ya fallecidas y sus hermanos Galo y Raul Tagle Duarte. Desde sus inicios, su vida estuvo marcada por un propósito divino que tocó a todos los que tuvimos la dicha de conocerla y compartir la vida con ella.
En marzo de 1967, unió su vida a la de José Antonio Tapia Aldaz, el gran amor de su vida. Juntos construyeron un hogar fundamentado en el amor y fueron bendecidos con cinco hijas: Denise, Marcia, Marivel, Nubia y María.
El camino de la vida la trajo a los Estados Unidos en febrero de 1990, estableciéndose en Port Charlotte, Florida. Fue allí donde su historia dio el fruto más hermoso: aceptar al Señor Jesucristo en la Iglesia Evangelio de Amor. Desde ese momento, mi madre se convirtió en una verdadera columna espiritual.
Sirvió con pasión, amor y reverencia como oficial y diaconisa; maestra de escuela dominical, guiando a los más pequeños; presidenta de damas, inspirando a otras mujeres; y consejera de altar, abrazando a las almas sedientas de Dios.
Hablar de ti, madre mía, es hablar de una verdadera sierva de Dios; de una mujer que no caminaba sola, sino sostenida de la mano de su Creador. Siempre te recordaremos como una mujer guerrera de oración.
Sus rodillas dobladas y su clamor constante fueron el escudo de protección de su familia, de sus cinco hijas, y el manto de bendición que cubrió siempre a sus amados nietos: Richard, Ronny y Elizabeth Vélez; Bella, Dennise y Gabriel Quezada; Betsy, Frank y Jonathan Declet; Josué, Iveth y Jeremiah Valverde; y Elisa, Isabella, Sofía y Aliah Torres. Tus bisnietas: Ruthy, Romina, Richard Velez. Jacob y Ethan Mejia. Samani y Joemi Rodriguez. Miguel Guzman. Josiah Valverde. En cada uno de ellos vive su ejemplo.
Nuestra mamita caminó bajo la promesa del Salmo 23, sabiendo siempre que el Señor era su pastor y nada le faltaría, descansando en delicados pastos y siendo guiada por sendas de justicia.
Vivió bajo el abrigo del Altísimo, haciendo del Salmo 91 su realidad diaria al decirle al Señor: “Esperanza mía y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré”. Ella no temió al terror
nocturno ni a la saeta de día, porque sabía que los ángeles de Dios la guardaban en todos sus caminos.
Cuando las fuerzas humanas faltaban, ella alzaba sus ojos a los montes con el Salmo 121, recordando con firmeza que su socorro venía del Señor, que hizo los cielos y la tierra. Dios guardó su salida y su entrada, y hoy la ha guardado para siempre.
Si cerramos los ojos, aún podemos escucharla pronunciar su palabra favorita, aquella que definía su fe y su gozo constante: ¡Aleluya! En los momentos de prueba y en los de bendición, ese “¡Aleluya!” brotaba de sus labios como un testimonio inquebrantable de que Dios siempre es bueno.
Fuiste, en toda la extensión de la palabra, nuestra mamita guerrera. Tu mejor arma nunca fue el grito ni la fuerza física, sino tus rodillas dobladas ante Dios. No importaba cuán grande fuera la tormenta o cuán difícil fuera el problema; sabíamos que, en tu habitación, se libraba una batalla en oración por cada uno de nosotros. Tus palabras siempre fueron un bálsamo de fe, una fe que hoy nos sostiene en este momento tan duro.
Gracias, mamita, por interceder por nosotros, por enseñarnos a confiar en Dios y por ser el pilar espiritual de nuestra familia. Cuando el mundo fallaba, sabíamos que la fe y las oraciones de nuestra madre nos sostenía.
Hoy te has ido al cielo, a la presencia del Salvador a quien tanto serviste, dejando un legado imborrable que continuará vivo en nosotros. Con dolor por tu partida, pero con la certeza de tu salvación, hoy declaramos con el corazón el mismo grito de victoria que tú nos enseñaste: ¡Aleluya!
Imaginarte en la presencia del Señor, escuchando las palabras: “Bien, sierva buena y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu Señor”, nos da una paz que el mundo no puede entender.
Tu cuerpo físico ya no está, pero tu legado de fe, tus oraciones que aún siguen dando frutos y tu ejemplo de amor incondicional quedarán grabados para siempre en nuestras vidas.
Descansa en paz, Bella Clementina Tagle Duarte de Tapia. Descansa en los brazos de tu Salvador. Tu victoria y tu corona están ganadas. Tu carrera ha terminado.
¡Te amaremos por siempre!
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